Queridas amigas, este viernes, a eso de las 11 de la mañana, vuelve su sección de cine favorita: "Dos en la cartelera". Ya saben, en directo en el 100.5 de FM o en emisión por internet, y si les viene mal, en el blog del programa, donde esperamos poder colgar pronto el audio correspondiente. ¡Que lo disfruten!
Que te tendieses descansada a descansar. Que me dejaras tu cuerpo al marcharte, huella tierna, tibia, inolvidable. Y que contigo se fuese sobre ti mi beso lento: color,desde la nuca al talón, moreno.
¡Ay, cómo quisiera ser vidrio, o estofa o madera que conserva su color aquí, su perfume aquí, y nació a tres mil kilómetros! Ser la materia que te gusta, que tocas todos los días y que ves ya sin mirar a tu alrededor, las cosas -collar, frasco, seda antigua- que cuando tú echas de menos preguntas: "¡Ay!, ¿dónde está?"
¡Y, ay, cómo quisiera ser una alegría entre todas, una sola, la alegría con que te alegraras tú! Un amor, un amor solo: el amor del que tú te enamorases. Pero no soy más que lo que soy.
Pedro Salinas
Yo tampoco soy más que lo que soy. Simplemente lo que tú has visto (tú sabrás si bueno o malo) pero así: puro, sincero, entregado, sin mentiras, dobleces ni medias tintas. ¿Quizás aún quede algo más que pueda ofrecerte, algo que no hayas conocido? Quizás sí (¡ojalá sí, poder tener aún más cosas buenas para tí!) pero nada diferente de lo que tuviste tan cerca... Me sentí durante un tiempo esa alegría sola con la que tú te alegrabas todos los días, incluso ese amor del que tú te enamorases. Pero no soy más que lo que soy, y quizás lo que soy no sea bastante. Y si todo lo que tengo, todo lo que soy, lo mejor que hay en mí, no ha bastado, ¿qué puedo hacer? ¿cómo seguir siendo esto que soy? ¿cómo no sentirme hoy tan pequeño y pobre, tan desnudo, tan vacío?
Quizás pude elegir apartarme cuando aún estaba a tiempo - hace un año a lo mejor todavía hubiese podido, pero no fui capaz de apartarme de ti, de renunciar a todo -, negar mis sentimientos - pero, ¿cómo se hace eso? -, no correr riesgos - pero eras mi sueño, la oportunidad de mi vida, y confié tanto en tus palabras, en tus silencios, en tu mirada... -. Quizás aún pueda elegir olvidar que existes, pero qué ingenuo: ¿se puede olvidar que amanece cada mañana? ¿se puede olvidar cómo se respira? ¿cómo olvidar lo que uno más desea?. Al final, a fin de cuentas, mi única elección fue lo que darte: todo, tú lo sabes, todito. En tu mano ha estado - ¿aún está? - elegir lo que soy, que eso sea bastante o no para cambiar tu vida, para dejarme formar parte de ella.
No soy más que esto, amor. A veces desearía tanto ser diferente, pero soy simplemente lo que conociste. Y todo lo he puesto en tus manos: mis sentimientos más puros, mi cariño sin medida, mi amor tanto tiempo acallado, mi corazón abierto como nunca se abrió para nadie, mi vida entera (aunque tú misma decías que nadie debería tener ese poder, no puedo ser de otro modo con alguien a quien quiero). Y ¡ay!, sabes que merecía (merecíamos) otra cosa.
Yo no puedo darte más, mi niña. No soy más que lo soy. Sólo puedo desearte que seas valiente; que escuches tu corazón, que no lo silencies; que te atrevas a soñar; que no renuncies a nada por miedo, culpa, comodidad, rutina, que no temas lo que mereces (que es tanto, de verdad...). Yo no puedo darte más, y no sabes cuánto lo siento. Pero lo que soy, aunque sé que no es mucho, todo te lo he entregado. Te quiero. Más de lo que creía, más de lo que puedas imaginar. Y mis palabras son cada día más pobres para expresarlo. Te quiero: quiéreme si te atreves...
Ella le había contado que nunca había sido más feliz con nadie, pero que de pronto había empezado a tener miedo. Miedo de esa misma felicidad, del extraño camino que estaba recorriendo para alcanzarla. Le parecía que si se demoraba un poco más en él, ya no podría regresar a su mundo. Gustavo Martín Garzo. El jardín dorado.
A veces la vida es como una película rodada en plena huelga de guionistas.
Ahora necesito saber mucho más
I know that I've imagined love before And how it could be with you Really hurt me baby, really cut me baby How can you have a day without a night You're the book that I have opened And now I've got to know much more
The curiousness of your potential kiss Has got my mind and body aching Really hurt me baby, really cut me baby How can you have a day without a night You're the book that I have opened And now I've got to know much more
Like a soul without a mind And a body without a heart I'm missing every part
A veces - sólo a veces - es hermosa y merece la pena ser vivida, y dices: "soy afortunado de estar vivo, aquí y ahora, y de poder sentir esto que siento".
De todo se llega a cansar uno...
A veces la vida llega a cansar de un modo inexplicable.
El reloj que marca horas extrañas
A veces, la vida... es pura náusea. ¿Falta mucho para que muramos, oiga?
¿Y para dormir? ¿Falta mucho para dormir? Que sueño, la virgen...
Mis ojos, sin tus ojos, no son ojos, que son dos hormigueros solitarios.
Así dice el poema de Miguel Hernández. Y mis ojos, sin tus ojos, tampoco son ojos. Son cuencas vacías de alegría, pero llenas de lágrimas. No me importaba cuando esas lágrimas eran lágrimas de felicidad (cada día cerca de ti las derramé - alguna viste tú -, y eso era algo que nunca me había pasado antes). Pero ahora, ¡ay! el llanto viene de esta pena negra, niña... Cuánto no habré llorado, incluso cuando pensaba que ya no me quedaban siquiera lágrimas que llorar (¿y cuánto no me quedará aún por llorar?). ¿Cómo es posible que alguien que trae consigo la alegría, que posee el don de hacer felices a quienes tiene alrededor pueda ser la causa de tantas lágrimas? Me cuesta entenderlo.
Mis ojos, sin tus ojos, languidecen, preciosa. Te lo dije una vez: me ahogaría en tus ojos. Como no hundirme sin miedo en esos dos pozos de alegría, como no hacerlo cuando he visto en ellos tantas cosas, cosas que nunca había visto en unos ojos. A veces - tenías razón- sobran las palabras: una mirada puede decirlo todo. Y yo sé lo que he visto...
Lo que queremos nos quiere aunque no quiera querernos. Nos dice que no y que no, pero hay que seguir queriéndolo: porque el no tiene un revés, quien lo dice no lo sabe, y siguiendo en el querer los dos se lo encontraremos. Hoy, mañana, junto al nunca, cuando parece imposible ya, nos responderá en lo amado, como un soplo imperceptible, el amor mismo con que lo adoramos. Aunque estén contra nosotros el aire y la soledad, las pruebas y el no y el tiempo, hay que querer sin dejarlo, querer y seguir queriendo. Sobre todo en la alta noche cuando el sueño, ese retorno al ser desnudo y primero, rompe desde las estrellas las voluntades de paso, y el querer siente, asombrado, que ganó lo que quería, que le quieren sin querer a fuerza de estar queriendo. Y aunque no nos de su cuerpo, la amada, ni su presencia, aunque se finja otro amor un estar en otra parte, este fervor infinito contra el no querer querer la rendirá, bese o no. Y en la más oscura noche. cuando desde otra orilla del mundo, la bese el amor remoto se le entrará por el alma, como un frío o una sombra la evidencia de ser ya de aquel que la está queriendo. Pedro Salinas
Había vivido perfectamente sin ella. ¡Se sobreprondría! Dentro de un año pasaría por delante de ella sin que le diera un vuelco el corazón. "La necesito como un borracho necesita un corcho de botella". Pero apenas formuló ese pensamiento, sintió la absurdidad de esa esperanza. Del corazón no se arranca nada, el corazón no es de papel y, en él, la vida no está escrita con tinta, no se puede romper en trozos. Vasili Grossman. Vida y destino.
El amor pide la oscuridad, pide el regreso de los desaparecidos. Por eso hablo contigo, y te cuento nuestra historia, por eso pongo en el suelo rectángulos de polen y barcos de cera. Porque quiero que regreses. ¡Fue todo tan triste! Deberíamos carecer de memoria, que sólo existiera lo que podemos ver y tocar. Que cuando alguien se aleja, también lo hiciera de nuestro pensamiento, y que unos días después de su marcha no quedara nada. Que su nombre y sus recuerdos fueran como agua que se evapora al sol. Gustavo Martín Garzo. El jardín dorado.
Hay días en los que desearía poder olvidarte, sacarte de mi pensamiento, que no quedase nada, que fuese como si no te hubiese conocido. Pero que imposible es el olvido, sobre todo de las cosas hermosas. Releo algunas cosas - como si no me las supiera de memoria - y basta ese acto para ponerme a temblar, desesperado por tu recuerdo (¿habrás vuelto a leer todo aquello? aún parece que fue ayer, que la conversación podría seguir en cualquier momento...). Lo recuerdo todo como si hubiese acabado de ocurrir, como si en unas horas pudiera volver a estar a tu lado, feliz.
Suena el teléfono y pienso que puedes ser tú (no es la primera vez que confundo la voz de quien llama con la tuya). Oigo el timbre y me sobresalto, esperando lo imposible: encontrarte en la puerta con una sonrisa. Sueño incluso con escuchar un golpe en mi ventana, mirar con cuidado y que seas tú dándome una sorpresa ¡y qué sorpresa! Te veo en cada calle, cualquier melena rubia me acelera el pulso pensando que es la tuya; en todas partes me parece oír mi nombre y giro la cabeza. Cuando de noche intento dormirme pronuncio tu pequeño nombre en voz baja y juraría escucharte suspirar el mío con ese diminutivo que me enloquecía; llevándote a dormir mi olor ¡ay!, y yo el tuyo. Que vanas esperanzas...
¿Es posible el olvido? Lo dudo, lo dudo tanto... Y me temo que es lo único que - aparte de tí - podría devolverme la paz. Como duele, niña mala, que tantos días tu recuerdo - que era mi paraíso, mi sueño - sea este infierno.
Después del beso, se quedaron mirándose en medio de la música.- Gwen - dijo finalmente Dirk, con una voz que había perdido la fortaleza y seguridad de un momento antes -, yo tampoco sé, sólo presumo. Pero tal vez valga la pena intentarlo. - Tal vez - dijo ella, desviando de nuevo los grandes ojos verdes -. Sería difícil, Dirk. Y está de por medio Jaan. Demasiados problemas, y ni siquiera sabemos si vale la pena. No sabemos en absoluto si las cosas cambiarán. - No, no lo sabemos. Cientos de veces en los últimos años decidí que no importaba, que no valía la pena intentar nada. El resultado es sólo este cansancio, un cansancio infinito, Gwen. Si no lo intentamos, no lo sabremos nunca. George R. R. Martin. Muerte de la luz.
No, no importa - dijo Eva -.No somos nosotros los que mandamos en nuestra vida, es ella la que nos lleva. Es como si nadáramos en un río y no pudiéramos escapar a la fuerza de su corriente.
- Podemos nadar contra esa corriente. Podemos ganar una de sus orillas y tal vez buscar otro río.
Mientras tú existas, mientras mi mirada te busque más allá de las colinas, mientras nada me llene el corazón, si no es tu imagen, y haya una remota posibilidad de que estés viva en algún sitio, iluminada por una luz—cualquiera... Mientras yo presienta que eres y te llamas así, con ese nombre tuyo tan pequeño, seguiré como ahora, amada mía, transido de distancia, bajo ese amor que crece y no se muere, bajo ese amor que sigue y nunca acaba. Ángel González
Ese nombre tuyo tan pequeño, Lo, esas dos, tres, cuatro letras de tu nombre. ¿Sabes tú hasta qué punto me trastorna? ¿Lo que ha significado para mí en estos últimos años? ¿La de veces que lo he pronunciado, las veces que he pensado en él? Mientras tú existas, mientras este amor anide en mi pecho, ¿es posible no seguir como hasta ahora?
Mientras tú existas, mientras mi boca se llene de tu nombre mínimo, adorable: ¿cómo dejarte marchar? ¿cómo abandonar la esperanza? Mi corazón: tu nido.
Dicen que el hambre puede llevarte a devorar tu propio corazón. Y eso era lo que me pasaba a mí con mi pensamiento, que devoraba mi vida entera. Gustavo Martín Garzo. Mi querida Eva. Cuando le digo a Niké que me siento consumido, que ahora entiendo eso que hasta ahora no parecía más que una metáfora, consumirse de amor, me dice que no, que estoy equivocado. Que no es el amor lo que me consume, que es esta enfermedad del alma. Pero pienso yo que al fin y al cabo no dejan de ser una misma cosa. Hubo un tiempo en que me consumía (nos consumíamos) para bien, y eso me hacía feliz. No me importaba consumirme como decía Lope, arder en la llama que eres para mí:
arder como la vela y consumirse, haciendo torres sobre tierna arena
Pero ¿y ahora? Sí, ahora sé lo que es consumirse en otro sentido. Hay días en los que insomne, agotado, miro en el espejo mis ojos apagados, mis costillas marcadas bajo la piel, y me siento como un gorrión herido que apenas se alimenta ni descansa, incapaz de alzar el vuelo, debilitándose lentamente. Mi hambre de ti lo devora todo, agota mis fuerzas, ocupa mi pensamiento. Esto es consumirse, sí. Pero no era así como quería consumirme, mi niña, no era así...
Creo que ya en alguna ocasión hablé de esta palabra, aunque fue en otra serie. Gorgeous, que se podría traducir por "preciosa, guapísima", es una palabra que me encanta porque me parece que tiene una connotación especialmente sensual. Esas dos ges y esas dos oes me resultan voluptuosas, y justamente a eso asocio el término, a mujeres voluptuosas, turgentes. Aunque no es el tipo de chica que más me gusta, la palabra me trae a la cabeza a ese tipo de mujer. No sé,por ejemplo, una Scarlett Johanson, una Mónica Belluci, una Megan Fox, una Laetitia Casta, una Natalia Verbeke... (bueno, ¿estoy loco? ¿cuándo he dicho que no me gusten rapazas como estas?). El significado de "gorgeous" es bastante inocente, pero parece sugerir algo no tan casto, más prohibido, vagamente erótico. Es una palabra que te llena la boca, carnal, sugerente. Muy bonita, desde luego.
Ahora creía haber comprendido la diferencia entre vida y existencia. Su vida se había acabado, interrumpido, pero la existencia seguía, se prolongaba. Vasili Grossman. Vida y destino.
Pienso que la gente se equivoca con los depresivos. No es cierto que no amen la vida; su problema es que no quieren renunciar a sus sueños. Aman tanto la vida que no quieren vivir en un mundo en el que esos sueños no cuenten para nada, y por eso eligen la muerte. Gustavo Martín Garzo. Mi querida Eva.
Decía en una ocasión el bueno deleyenda que me admiraba porque siempre conseguía lo que me proponía: que poco imaginábamos que se equivocaba, que estaba tan próximo el fracaso en el empeño más importante de mi vida, en mi sueño más deseado, en el que lo arriesgué todo. Y sí, un mundo donde tus sueños no tienen sentido es un páramo helado en el cual te debes limitar a existir, a dejar que pase el tiempo, que los días se sucedan, uno tras otro, igual de tristes y vacíos. Durar no es estar vivo, amor, vivir... es otra cosa. Y yo ¡ay! no quiero conformarme con durar, renunciar a mi sueño...
Los sueños a veces traen recuerdos hermosos pero tan terribles... Estabas a mi lado, yo acariciaba tu pelo; tú tomabas mi mano y la besabas con una ternura infinita. Despertar es enfrentarse, un día más, a tu falta. Y ni días llenos de recuerdos ni noches llenas de sueños la suplen.
Cuántas noches, al acostarme, recuerdo esta viñeta de la que no sé si te hablé alguna vez - tanto como hablamos, pero tanto como quedó por contarte... -.
Cuántas noches desearía, cuando por fin consigo que el sueño me lleve, que tú estuvieses también ahí, soñando conmigo. ¿Soñamos para no estar solos? ¿Nos habremos encontrado alguna vez en sueños?
Perdóname por ir así buscándote tan torpemente, dentro de ti. Perdóname el dolor alguna vez. Es que quiero sacar de ti tu mejor tú. Ese que no te viste y que yo veo, nadador por tu fondo, preciosísimo. Y cogerlo y tenerlo yo en lo alto como tiene el árbol la luz última que le ha encontrado al sol. Y entonces tú en su busca vendrías, a lo alto. Para llegar a él subida sobre ti, como te quiero, tocando ya tan sólo a tu pasado con las puntas rosadas de tus pies, en tensión todo el cuerpo, ya ascendiendo de ti a ti misma. Y que a mi amor entonces le conteste la nueva criatura que tú eres.
Pedro Salinas
Perdóname por ir así buscándote, amor. Por hacerlo así, tan torpemente, aquí y en mi pensamiento: por mi cobardía, por mi miedo. Por no haber sido quizás lo que tú pensabas, por ser otro diferente al que yo querría ser para tí. Perdóname por ser como soy (eso hizo que todo fuera posible, pero a la vez, ya ves, también soy esto...). Perdóname por lo que te he dado, por lo que te doy, por todo lo que quisiera darte. Perdóname el dolor, la rabia, la tristeza, las cosas que a veces toman posesión de mí, que tanto me dañan, que quizás sean tan injustas. Perdóname por sentir lo que siento, por amarte más de lo que creí posible, por no haberlo podido ocultar, por no poder callarlo ni siquiera ahora. Perdóname por la esperanza, por soñar contigo, por desearte, por pensar en ti día y noche, por no hallar consuelo a tu ausencia.
Perdóname por ir así buscándote, amor. Por quererte de este modo, por no poder dejar de hacerlo. Perdóname si me lees, si mis palabras en algún momento te hacen daño o te incomodan, si te hacen sentir cosas que quizás desearías no sentir. Perdóname por todo lo que ha ocurrido, por lo que aún pueda ocurrir. Por haberte alegrado los días, pero quizás no lo bastante. Por no haberte podido dar motivos suficientes para que las cosas hubiesen pasado de otro modo. Por la inseguridad, por el miedo, por pensar demasiado, por ser más complicado de lo que quisiera. Perdóname por ser un hombre gris, triste, deseante. Por odiarme a mí mismo, por no poder valorar ahora todo lo que tú viste en mí. Por mi debilidad y mi cansancio, por no soportar esta distancia. Perdóname por todo y por más, incluso aunque pienses - como siempre - que no hay nada que perdonar.
Perdóname por ir así buscándote. Perdóname, por favor, perdóname este amor, pues soy tan culpable de él que no puedo expresarlo...
El otro día me sorprendía en El Comercio con una noticia sobre el abaratamiento de los precios de "la droga" en Asturias (digo yo que será de los precios de las drogas, pero qué fácil es manejar ese singular que mete mucho más miedo).La noticia, basada en un informe de la Consejería de Salud, decía entre otras cosas que "el éxtasis se paga un poco más caro, pero tampoco mucho más, 10 euros por gramo". Vaya, vaya. Me pregunté quien era el desinformado, la periodista o yo. No es que yo conozca mucho el mercado, pero eso me sonó un poco exagerado (y de ser cierto, miedo me da lo que pudiera contener ese gramo, vamos).Lo mejor, acudir a las fuentes, así que me busqué el informe de la Consejería de Salud, donde pude comprobar el error, que ustedes mismas pueden apreciar en esta tabla: Efectivamente, esos 10 euros se refieren a unidad, es decir, pastilla, no al gramo de éxtasis presentado en cristal. Pero se escribe sobre lo que no se conoce y se mete la pata de ese modo, creando una alarma innecesaria. Ya veo a los padres que leyesen esta noticia llevándose las manos a la cabeza, escandalizados por el bajo precio de todas las sustancias pero sobre todo del éxtasis: ¡gramos a 10 euros, el apocalipsis!
Lo que para el cuerpo físico es el orgasmo lo es para nuestro cuerpo espiritual la felicidad. Es una sensación corta y abrumadora, es aquella iluminación que buscan los místicos y los poetas. No se puede ser feliz durante años o durante días enteros. Ni tan siquiera unas horas seguidas. Dostoyevski la describe como un preludio a la epilepsia. Rilke habla de la "ferocidad" de la felicidad: es la belleza llevada hasta el límite de lo soportable, más allá del cual empieza el dolor. Tal vez sea Goethe quien mejor intuyó el criterio de felicidad: se es verdaderamente feliz cuando uno quiere que se detenga el tiempo, para conservar aquel momento por toda la eternidad. En cierta manera, la propia vida adquiere sentido si, en la serie infinita de momentos banales, grises, tristes, vergonzosos, ruines, miserables, aburridos de los que se compone cualquier vida se ha encendido, sin embargo, alguna vez, aunque sea una sola, la centella emocionante de la felicidad. "viví una vez como los dioses y ya no hay otra cosa que desee", escribe al respecto Hölderlin. Ésa es la verdadera felicidad, que la mayoría de los hombres no busca ni ambiciona, ya que los puede destruir. Vivir como los dioses, aunque sea por un momento, es una hybris que se paga. Mircea Cartarescu. Por qué nos gustan las mujeres.
Coincido plenamente con lo que opinaban Rilke y Goethe (quien pudiera detener el tiempo, ciertamente) pero sobre todo con esa frase de Hölderlin: "viví una vez como los dioses y ya no hay otra cosa que desee". Quien ha experimentado esa felicidad, esa iluminación, no puede desear ninguna otra cosa. Me he sentido vivir como los dioses, no lo puedo negar, he amado y amo, he sentido con una intensidad que ni siquiera imaginaba que pudiera ser posible, abrumadora, desbordante. Y me siento afortunado por ello (aún, aunque ahora duela de este modo tan terrible). El problema de esa felicidad es justamente que te puede destruir, que no puedes desear otra cosa, que cada momento es una espera interminable por poder volver a sentir de ese modo, que el resto de tu vida empequeñece al lado de ella. Sí, esa felicidad de los dioses, esa experiencia extática, se paga, y de que modo...
- ¿Queda algo de todo aquello, Gwen? - - No juegas limpio, Dirk - contestó después de mirarlo fijamente y beber un sorbo de café -. Y lo sabes. Siempre queda algo, sobre todo si lo que se tuvo era real; de lo contrario, bueno, no tiene importancia. Pero fue real, así que algo queda. Un poco de amor, una pizca de odio, desesperación, rencor, deseo. Lo que sea, pero algo. George R. R. Martin. Muerte de la luz
¿Qué queda de todo aquello, niña mía? Algo ha de quedar, porque de no ser así, me habría equivocado tantísimo con quien eras tú... y no quiero ni pensar en esa posibilidad. Fue real, ¿verdad? No lo soñé, no me equivoqué, tú estabas allí y me mirabas, lo que ví en tus ojos no era ninguna mentira y ha de seguir estando ahí, como sigue estando aquí en mi pecho. Pero ¿qué es lo que queda exactamente? ¿cuánto queda de todo aquello? y sobre todo, ¿qué significó y qué significa para tí? ¿quizás en algún momento pasan por nuestras cabezas los mismos pensamientos? ¿sentirás en alguna ocasión lo mismo que yo siento?
Algo quedará, lo sé, lo que sea, pero algo: quiero pensar que siga siendo necesidad, cariño, amor, deseo, nunca rencor ni odio (aunque como negar que tu recuerdo no siempre es límpido, luminoso, y que a veces arrastra tanto dolor que siento cosas por las que luego me odio).
¿Quedará algo de todo aquello? ¡Ay, Lo! (sí, es ese suspiro...)¡Ay, cómo te echo de menos!
Parece que últimamente las rebajas se me dan bien, oigan. Además esta temporada las necesitaba, con eso de haber dejado de ser un gordopilo tenía que renovar completamente el vestuario. Cuando digo completamente es completamente: los pantalones se me caían, ni cinturón ni leches (alguno lo pudo arreglar un poco mi señora madre, pero otros no hubo manera, que entraban dos como yo), las camisetas me quedaban enormes... Así que me lancé a las tiendas y debo decir que triunfé. Muchas compras y a gran precio. Como muestra un botón: creo que he comprado seis pantalones que me salieron en total por menos de ¡60 euros! No me negarán que eso es aprovechar las rebajas, ¿eh? Ya era hora de llevar pantalones de mi talla, que en estos últimos meses nadaba en ellos...
Pero no quedó la cosa ahí. Cayeron varias camisetas molonas, en general también a buenos precios (algunas por 4 o 6 leuros), una cazadora, un jersey, unas zapatillas de vicentín para reventar las pistas de baile (suponiendo que algún día esté en condiciones de volver a pisarlas, claro) y dos complementos que llevaba tiempo buscando sin encontrar algo de mi agrado: una gorra y unas sandalias. Ahora si que estoy listo para ir a la playa guapo como un coral, aunque sea solo.
Vamos, que las rebajas me han salido redondas. Encontré todo lo que buscaba, gasté poco dinero, no me llevó demasiado tiempo y conseguí no desmayarme delante de ninguna dependienta. ¿Se puede pedir más? ¡Voy a andar este otoño hecho un pincel!
¿Quizás fue ese el error? ¿Decirnos que todo iba a salir bien, qué no podía ser de otro modo? ¿O el error fue creerlo, no dudar, confiar demasiado?
A pesar de todo, son tantos los momentos en los que sigo pensando que sí, que esto va a salir bien, que antes o después - aunque no sepa cómo - tiene que salir bien, que no podemos dejarlo escapar, que nos arrepentiríamos demasiado, que lo pagaríamos tan caro... (quizás ya los dos lo estemos pagando; yo desde luego que sí).
Inocente, inconsciente, insensato, sigo pensando que quizás dentro de un tiempo esto no habrá sido más que un mal sueño y podremos incluso reírnos de ello (aunque ahora mismo, gracia ninguna...).
Otra tarde más de playa, ¿quizás la última del verano? (ay, y que alguien pudiera pensar que no me gustaba la playa, que lo mío era viajar...). Bajo el sol piensas en todos esos cuerpos hermosos y deseables a tu alrededor, mientras viene a tu cabeza ese poema de Eugenio de Andrade que siempre recuerdas en la playa:
Claro que los deseas, esos cuerpos
donde el tiempo no ha hundido todavía
sus cuernos - ¿no es el deseo
el amigo más íntimo del sol?
Que los deseas, como si cada uno
de ellos fuese el último, el último cuerpo
que tu cuerpo tuviese para amar.
Pero hoy esas muchachas gráciles y esbeltas que se abandonan al sol no importan nada. Se disuelven ante el recuerdo de Dama Solar. No las deseas, por muy tentadoras que sean. Sólo hay un cuerpo que desees como si fuese el último que tu cuerpo tuviese para amar; en realidad, deseas que sea el último, que no haya otro, que no pueda haberlo.
Claro que el deseo es el amigo más íntimo del sol, y sí, bajo el sol piensas en todos esos cuerpos jóvenes a tu alrededor: pero nada despiertan en ti, es como si no existieran. Hay una sóla cosa que anheles, un único recuerdo que eriza cada centímetro de tu piel, un único deseo en tu corazón. Que distinto habría sido este sol, este verano, cerca de la amada Dama Solar. Quizás no sea la más perfecta, ni la más guapa, ni la más atractiva (por imposible que pueda parecer), pero ¿acaso eso importa a tus ojos? ¡Ay! para tu corazón - que es lo que importa - toda ella es preciosa, adorable, y no hay otra visión que lo sea más.
¿Pero cómo hacer durar
hasta el último instante
esta boca, este sol?
Es necesario amarla,
paciente y alta,
donde la llama canta.
Amarla. Hasta el final,
hasta ser danza.
Yacer a su lado. Aprender tanto de ella, conocer tantas playas, descubrir tanto a su lado. Dejarse perder a las palas ;-), darse un baño juntos, rascar su espalda mientras se duerme (casi puedo imaginar su ronroneo). Sí, amarla hasta el final, hacer durar hasta la eternidad esos instantes.
A mí me ocurre lo contrario que a Enriqueta. Acabar un libro me entristece: una historia que se termina, el final de algo que me ha tenido ilusionado durante unos días, separarme de unos personajes que se han convertido en una especie de amigos. Y lo peor, el dilema: ¿qué libro empezar ahora? Hay tanto donde elegir, y tan poco tiempo, que la elección es algo realmente complicado. Ahora mismo, en verano y con pocos ánimos, lo ideal es alguna lectura ligera. Ya saben, quizás releer el "Ulises" de Joyce o "Paradiso" de Lezama Lima. Quizás "El Quijote" sea un poco pesado, pero en ese caso se puede coger, claro, "En busca del tiempo perdido", con sus siete sencillos volúmenes. Como bien sabe Xertrian, otra elección posible puede ser "Tríptico de Carnaval" de Pitol: pura literatura de evasión. Y ojo, que he considerado seriamente ponerme con "El libro del desasosiego" de Pessoa, ese auténtico festival del humor... Acabo de terminar las más de 1100 paginazas de "Vida y destino" de Vasili Grossman. Tremendo libro, que pone los pelos de punta con la barbarie de la II Guerra Mundial. A ver que empiezo ahora, ya digo, algo ligerito, no sé: ¿"El cuarteto de Alejandría" de Durrell? ¿o la poesía completa de Góngora, tan claro y culterano él? Aunque para seguir con el tema de Grossman se me ocurren "Archipiélago Gulag" de Solzhenitsyn o las 1200 páginas de "Postguerra, una historia de Europa desde 1945" de Tony Judt... Dios, creo que voy a terminar comprándome el "Hola" o un Mortadelo y Filemón, que van a resultar una lectura más fresca y menos exigente...
Hacía siglos que no me compraba un disco, pero la ocasión lo merecía: cd recopilatorio, dvd de videoclips y cómic de Juanjo Sáez en lo nuevo de Los Planetas, "Principios básicos de astronomía". Así da gusto.
También hacía demasiado que no escuchaba a Los Planetas, y recordar temas como "Segundo premio" hace daño.
J sabe de lo que habla: la verdad que da de lleno. O me da de lleno, mejor dicho...
Es imposible que hayas olvidado lo que los dos podíamos hacer. y todo lo que habíamos hablado es todo lo que vamos a perder.
Como duele todo lo que vamos a perder... Nunca pensé que algo pudiese doler tanto.
Su amor por ti había ido mucho más allá de todo lo que me había podido imaginar. Que había sido como una terrible enfermedad, una de esas enfermedades del alma que condicionan para siempre la vida de quien las padece. Gustavo Martín Garzo. Mi querida Eva.
Me pide Niké que hable de ella, de qué pasa por mi cabeza, ¿de mi enfermedad? La verdad es que nunca me había encontrado así, con esta sensación de tener el alma enferma, sin poder curarme por mí mismo, pidiendo ayuda. Y que quieren que les diga, cuesta abrir el corazón y hablar con una extraña (aunque no resulta difícil hablar con Niké, que sabe como escuchar). ¿Qué oscuridad ha de habitar en la cabeza y el corazón de uno para tener que buscar a alguien que pueda ayudar a aliviar el dolor, a sanar ese alma enferma?
Me pide Niké que haga cosas, que me obligue a ello aunque no tenga ganas, que esté ocupado, que no me abandone, que vea gente, que hable de otros temas. Y lo intento, claro, es una de las pocas cosas que se pueden hacer para sobrevivir. Pero que difícil es hablar con alguien que tiene el corazón roto...
Tiene que ser una agonía para los amigos aguantar a alguien constantemente triste, a alguien a quien le cuesta sonreír, opinar, estar atento a las cosas. Tener al lado a alguien ausente, vacío, que está sin estar, no ha de ser fácil. "Perdónate a tí mismo", dice ella, "nadie te lo tiene en cuenta". Supongo que sí, que para eso están también los amigos, no sólo para los momentos buenos (y como podré agradecerlo, en estos momentos es cuando uno se da cuenta de a quien tiene cerca y con quien puede contar), pero que mal se siente uno al llegar a casa, que mezquino y egoísta. Cuando uno es su peor enemigo, cuando siente su mente en una cárcel de la que no puede salir, es una tarea difícil la de perdonarse.
Veré que me pide hoy Niké: temo que esto vaya siendo como los trabajos de Hércules, cada uno más difícil que el anterior. Pero hay que luchar, sólo queda luchar e intentar curar este alma enferma. Hay dos personas que lo podemos hacer, y una soy yo: tendré que intentarlo aunque sea en solitario...
Debo estar loco, pero sigo creyendo en la mayor (y más bella) mentira. Al fin y al cabo, es la única manera de sobrevivir, hacer como si todo tuviera sentido, como si aún pudiera tenerlo. Mi corazón: tu nido.
- ¿Por qué eres siempre tan serio? - Porque cuando te beso - dijo él -, para mí no es un juego. - La vida es un juego. Pero creo que tú y yo podremos ganarlo juntos. Orson Scott Card